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Una competición olímpica de mucha altura

Una competición no puede ser de más altura cuando los participantes son dioses. Parece que en los cielos también está surgiendo efecto el espíritu olímpico y está animando a los dioses para competir en aquello que ellos saben hacer mejor, es decir, interferir en los asuntos y vidas mundanos de los seres humanos.

Quizás entusiasmado por la consecución de una medalla olímpica de alguno de sus fieles, Alá se animó a realizar uno de sus milagros. Ni más ni menos que se le ocurrió hacer que una mujer egipcia de 27 años diese a luz a siete bebés de un tirón. Según palabras Ahmed Salam, el médico encargado del parto, “se trata verdaderamente de un milagro divino, la madre no había tomado algún tratamiento de fertilidad”. Hay que aclarar que la mujer ya tenia otros tres hijos, con lo que de un golpe se han convertido en diez hijos los que tiene que vestir, alimentar y cuidar. Allahu Akbar, Alá es el más grande.

Pero claro Dios no se iba a quedar cruzado de brazos ante tal demostración de grandeza. Igualmente entusiasmado por las proezas olímpicas de alguna de las ovejas de su rebaño, él quiso también intervenir en las minucias cotidianas de los mortales y así superar la marca personal de Alá. Tras cierta delibaración le llegó la inspiración, y decidió hacer una de las suyas. Su milagro consistió en hacer que el preció de la gasolina bajase para los consumidores norteamericanos tras escuchar las oraciones de sus fieles en algunas gasolineras de ese país. Dios es todopoderoso.

Ahora queda que los jueces expertos se reúnan y den su veredicto sobre cual de los dioses ha conseguido batir al otro en esta dura y divina disciplina olímpica que es hacer milagros. El que venza se lleva el oro y demuestra que está en mejor forma que su contrincante. Las aficiones de ambos esperan impacientes el resultado para poder festejar, cantar sus himnos y de paso odiarse mutuamente un poco más si cabe.

Sin embargo, existen ciertos infieles que cuestionan la utilidad o la equidad de estas supuestas hazañas divinas. Entre otras cosas se preguntan si Alá enviará ayuda económica y varios cuidadores para ayudar a esta desdichada familia que sin ser rica se ha visto de un golpe con diez hijos a los que cuidar. También se cuestiona el porqué Dios decidió ayudar a los consumidores americanos abaratándoles el precio de la gasolina y no impidió, por ejemplo, el enfrentamiento entre Rusia y Georgia (ambos países ampliamente cristianos) que ha dejado varios miles de muertos, cientos de miles de desplazados y una gran destrucción.

Los caminos de los dioses son misteriosos….

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The God Delusion, Richard Dawkins

Finalmente he terminado de leer el libro de Richard Dawkins The God Delusion (El Espejismo de Dios en versión castellana). Sin ningún lugar a dudas ha sido una de las lecturas que más he disfrutado en muchísimo tiempo, y el descubrir a Dawkins ha sido para mí algo tan revelador como lo fue descubrir en su tiempo a Bertrand Russell. De hecho, creo que los dos comparten mucho. Ambos son dos intelectuales con una capacidad de elaborar y transmitir ideas como pocos, que yo conozca al menos. Russell quizás abarcaba más en su conocimiento, que iba desde las matemáticas hasta la filosofía pasando por la física, la astronomía, la sociología y seguro que se me queda alguna otra en el tintero (bueno en el teclado). Sin embargo Dawkins, siendo biólogo y ardiente defensor de la teoría de Darwin sobre la selección natural, presenta sus argumentos desde un ángulo diferente y más basado en el conocimiento científico, lo que para mí ha sido un goce tremendo, al poder profundizar un poco en ese mundo tan apasionante del evolucionismo.

Dawkins hace una disección de las diferentes corrientes creacionistas, teístas, panteístas, deístas y ateas, las cuales presentan una diversidad en visiones y actitudes que a uno lo dejan perplejo. Por ejemplo, Einstein (‘acusado’ a menudo de haber creído en el dios judeo-cristiano) entraría en el saco panteísta – que es la doctrina de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios. Parece que Einstein tenia algún tipo de “sentimiento religioso cósmico”, que incluso parece que ni él mismo podía dilucidar. Sin embargo en el mayor, y potencialmente peligroso, saco teísta – creencia en un dios personal y providente, creador y conservador del mundo - se puede encontrar a especímenes como Osama bin Laden, G.W Bush, la madre Teresa o las monjas carmelitas descalzas.

Dawkins representa el espectro (d)teísta-ateísta en una lista de siete posibles interpretaciones sobre la cuestión de dios:

  1. Teísta convencido. Probabilidad de la existencia de dios a 100%. Según C.G Jung, “no creo, sé”.
  2. Probabilidad muy alta, pero inferior a 100%. Teísta de facto. “No tengo absoluta seguridad, pero creo ardientemente en dios y vivo mi vida asumiendo que existe”.
  3. Probabilidad mayor del 50% pero no muy alta. Técnicamente agnóstico pero con tendencias teístas. “No tengo certeza pero tiendo a creer en dios”.
  4. Exactamente 50%. Agnóstico completamente imparcial. “La existencia o no existencia de dios son equiparables”.
  5. Inferior al 50% pero no muy baja. Técnicamente agnóstico pero con tendencias hacia el ateísmo. “No sé si dios existe pero tiendo a ser escéptico”.
  6. Probabilidad muy baja, pero no llegando a 0%. Ateo de facto. “No tengo certeza absoluta pero pienso que dios es altamente improbable”.
  7. Ateo convencido. “Sé que no hay dios con la misma convicción que Jung ’sabe’ que lo hay”.

Personalmente, me encuentro en la categoría en la que se encuentra Dawkins; en la 6. Sintomático es el hecho que apunta Dawkins sobre lo improbable que es conocer a alguien de la categoría 7, pero sin embargo la categoría 1 (su polo opuesto) está bien poblada. Creo que este tipo de análisis basado en los muchos matices que se encuentran entre el creo o no creo son muy acertados. Me recuerda en cierta manera a la iniciativa Political Compass que matiza el espectro de orientaciones políticas que existe entre el ser de derechas o de izquierdas.

Quizás, el único “punto débil” que observo en los argumentos, por otro lado demoledores, de Dawkins, es la escasa referencia que hace a los factores político-económicos en relación con los efectos perniciosos de la religión. Dawkins los menciona por ejemplo en conexión con los problemas de Irlanda del Norte, del conflicto Israelo-palestino o con la “guerra” contra el terrorismo. Sin embargo, creo que para abarcar todos los ángulos de analisis que afectan estos fenómenos Dawkins tendría que ser, no solo el increíble científico que es, sino ademas un magnífico politólogo, sociólogo, economista y filosofo. Pero esa “carencia” se puede suplir leyendo a otros magníficos intelectuales en esos campos que ofrecen esos ángulos diferentes para así poderse construir una visión mas amplia y equilibrada. Aun así el libro es un disfrute continuo, e incluso cuando toca temas relativos a la biología, la física, astronomía y la química, lo hace de una manera muy accesible para los que carecemos de ese conocimiento.

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